Botella de agua con números Grabovoi escritos a mano para síndrome de intestino irritable, sobre mesa de madera con luz natural.

Siempre me han atraído esas cosas que no sé explicar del todo, pero que algo en mí reconoce.

Los mantras, las afirmaciones, ciertos audios que prometen reordenar lo invisible. No desde la fe ciega, sino desde la curiosidad. Desde ese lugar donde una no necesita entenderlo todo para permitirse sentir.

Hace tiempo también escucho fortalecimientos del método Yuen. A veces me relajan, a veces me sostienen, a veces no pasa nada… y aun así vuelvo. Supongo que porque, cuando el cuerpo se cansa de explicaciones, empieza a buscar otros lenguajes.

Hace unos días, mientras navegaba por YouTube, apareció un video con un título extraño: algo sobre “dar un salto cuántico” usando números. Mencionaba los llamados números de Grabovoi. No sabía bien de qué se trataba, pero hice clic.

Decían que los números tienen frecuencia.
Que esa frecuencia puede interactuar con nuestra realidad.
Que no todo opera en el plano lógico que conocemos.

No sé si lo entendí del todo. Tal vez tampoco era necesario.

Desde hace meses vivo con síndrome de intestino irritable tipo C. Quien lo ha padecido sabe que no es solo una molestia: es dolor, visitas constantes al hospital, estudios que salen “bien” y una frase que se repite como eco:

“Todo apunta a que es algo mental”.

Y entonces una entra en territorio desconocido.
Porque si no es solo el cuerpo… ¿qué más está hablando?

Ahora estoy en proceso de buscar ayuda psiquiátrica y psicológica, de entender qué hay detrás. Pero en medio de ese camino, apareció esta otra posibilidad. No como solución, sino como experimento.

Investigando encontré que ciertos números se asocian —desde esta teoría— a distintos procesos del cuerpo. Se sugería escribirlos en una botella de agua, como si el agua pudiera “escuchar” y transmitir esa frecuencia.

No sé si eso tiene sustento científico.
No sé si es sugestión.
No sé si es simplemente atención puesta en el cuerpo.

Lo único que sé es que decidí probar.

Escribí estos números en mi botella:

  • 4843132 — inflamación del colon

  • 5484548 — estreñimiento

  • 5321482 — normalización del sistema digestivo

  • 819471 — estrés y tensión, asociados a la colitis nerviosa

No esperaba nada concreto. Solo observar.

Esa misma semana tuve insomnio. De esos en los que el cuerpo está cansado pero la mente no se apaga. Recordé uno de los códigos, lo repetí en silencio, sin rituales ni expectativas.

Minutos después, me quedé dormida.

No sé qué fue.
No sé cómo pasó.
No sé si fue coincidencia, calma, placebo o algo más.

Pero pasó.

No escribo esto para convencer a nadie. Tampoco para recomendar nada. Sigo creyendo en la medicina, en la terapia, en los procesos largos y conscientes. Esto no sustituye nada de eso.

Solo comparto una experiencia.

Tal vez no todo es ciencia.
Tal vez no todo es espiritualidad.
Tal vez hay capas de nosotros que todavía no entendemos, pero que responden cuando se sienten escuchadas.

A veces el cuerpo no necesita respuestas.
Solo necesita que le prestemos atención.

Y quizá —solo quizá— ahí empieza algo distinto.