
Hay un momento en la vida en el que la realidad que tienes ya no te cabe. No porque esté “mal”, sino porque algo dentro de ti creció y ahora choca con las paredes de lo que construiste.
Te levantas, haces lo que tienes que
hacer, cumples, ayudas, resuelves, pero por dentro hay una sensación constante
de asfixia suave. Como si estuvieras viviendo una vida que se parece a la tuya…
pero no es del todo.
A veces no sabes ni explicar qué te
pasa. No ocurrió una tragedia. No explotó nada. Simplemente estás cansada de
cargar una historia que ya no se siente propia.
El caos no siempre es gritos y
lágrimas. Muchas veces es una habitación amplia y helada, iluminada apenas por
una vela. Hay ruido de gente que entra y sale, pisos que crujen, y una ventana
pequeña desde donde miras una vida distinta, más libre, más tuya.
Desde ahí ves el lago, los pinos, ese
“algo más” que sabes que existe, pero no sabes cómo cruzar.
Y entonces empiezan las preguntas que
nadie quiere admitir:
¿En qué momento me perdí?
¿Por qué siento que hice todo “bien” y
aun así me siento atrapada?
¿En qué momento vivir se volvió solo
aguantar?
Te dicen que seas agradecida. Que hay
gente peor. Que al menos tienes un techo. Y sí… todo eso es verdad. Pero
también es verdad que el alma se cansa cuando no tiene espacio para expandirse.
No estás rota por sentirte así. No
eres desagradecida. No eres débil. Estás en el punto exacto en el que tu vida
ya no coincide con quien eres ahora. Y eso duele. Duele admitir que no quieres
seguir así. Que no quieres depender. Que no quieres pedir permiso para existir.
Que quieres tu propio espacio, tu propio dinero, tu propia calma.
Duele reconocer que sobrevivir ya no
es suficiente. Si hoy te sientes perdida, estancada, cansada de ti misma, no es
porque no seas capaz. Es porque estás viviendo en un lugar —físico, emocional o
mental— que ya no sostiene lo que estás destinada a ser.
Y no… no tienes todavía todas las
respuestas. Pero sí tienes algo más importante: la conciencia de que así como
estás ya no puedes seguir. Eso no es el final. Eso es el inicio del despertar.
Respira profundo. No estás loca por sentirte así. Y sí… sí es posible salir de este punto, aunque ahora solo veas una vela encendida en la oscuridad 🕯️